Los clarividentesOrwell, Huxley y Schätzing
Son muchos los autores que han mirado hacia el futuro en sus novelas. Algunos lo han hecho con especial clarividencia y sus narraciones gozan de un carácter premonitorio.
El futuro es incierto. El desconocimiento y el relativo pavor que se despiertan al recapacitar sobre los acontecimientos futuros pueden representar un lastre para los millones de mentes humanas que se prestan a tal fin. Mentes que adivinanEn algunos casos, la incógnita que representan los hechos venideros supone un ingrediente, un nutriente fundamental para los intelectos dedicados a la ciencia ficción. En ocasiones, los frutos de la inventiva de los autores logran superar la fantasía para, con el tiempo, convertirse en realidad o acercarse peligrosamente a ella. George Orwell (1903-1950) escribió "1984", en el año 1949, desde una perspectiva futurista en la que un poder totalitario, un Superestado, el Gran Hermano, controla y dirige la vida de los ciudadanos para mantener el orden cívico y social que se pretende de ellos. Si bien la obra supone una crítica contra el totalitarismo, también presenta una reflexión sobre un tiempo futuro en el que el ser humano se deja vencer por el afán de los poderosos y sucumbe al gran ojo que todo lo vigila; la humanidad acaba condicionando su esencia y se entrega al Gran Poder. Hoy vivimos un tiempo confuso. La búsqueda de la seguridad personal, la lucha contra los ataques terroristas y la cercanía que ofrecen las nuevas tecnologías confluyen en una vigilancia extrema y supuestamente bienintencionada. El mundo se ofrece, vende sus datos y su intimidad como contribución al bienestar general de la humanidad. Las cámaras que nos miran desde los tejados en las grandes ciudades, los registros en redes sociales, chats y cuentas de correo, el comercio en la red, los sistemas Global Positioning System (GPS), las videoconferencias, etc., nos hacen reconocibles, catalogables y vulnerables a un ataque masivo contra nuestra intimidad. Si Orwell levantara la cabezaTodavía no vivimos en una sociedad vigilada por el Gran Hermano, aunque si Orwell volviera y echara un vistazo al mundo actual se sentiría incómodo al ver cuán parecido es al que inventara en 1949. Si tuviéramos la mala suerte de padecer un sistema de Gobierno totalitario global (los países, los Estados, son frágiles como el cristal, evidencia que demuestran la República Democrática Alemana y su desdichado fin con la caída del muro de Berín), sin duda le habríamos puesto el control en bandeja. Aldous Huxley (1894-1963) escribió "Un mundo feliz" en 1932. Es su obra, el mundo está dividido en clases sociales o castas, y se estamenta según las capacidades intelectuales de los individuos, pactadas éstas genéticamente antes del nacimiento. En el mundo feliz se erradica todo lo que debilita al ser humano y las personas son formadas según el objetivo que están predestinadas a conseguir, sin tener éstas la posibilidad o la necesidad de cambiar de casta. Un mundo perfectoUna tecnología muy avanzada y el consumo de drogas que inducen a la felicidad, conforman un mundo perfecto en el que tampoco se ofrece al ser humano la posibilidad de dirigir sus pensamientos y sentimientos hacia otros valores que no sean los establecidos. Hoy son muchos los estímulos que nos conducen hacia la felicidad, facilitada ésta a través de lo fácil, lo rápido y lo placentero. También goza nuestra sociedad de diversos paliativos que adormecen nuestras consciencias, y cada vez son más los jóvenes que valoran las alternativas de mundos paralelos, de las drogas y de la tecnología. Si erradicamos, mediante química o no, todo lo que hace moralmente débil al ser humano (la necesidad de poder, de amar y de ganar) obtendremos un mundo tan feliz como el de Huxley. Los acontecimientos que rodearon las vidas de Huxley y Orwell favorecieron el matiz catastrofista de sus narraciones. En la actualidad, otros autores toman el relevo de la ciencia ficción y consiguen exactamente lo mismo que los autores anteriores: aproximarse peligrosamente a la realidad. Frank Schätzing (1957) sitúa su obra "El quinto día" en la actualidad. Suma los factores que ponen en peligro al planeta; da en el clavo con respecto a la mayoría de las consecuencias, como el parón de las corrientes oceánicas, liberación del metano almacenado en las reservas de hielo de los fondos oceánicos, y, finalmente, se inventa una causa poco probable para tanta catástrofe. La Tierra se rebelaAún así, el factor ficticio no supera al real. Es factible que, sin un motor inteligente que los mueva a ello, los habitantes no humanos de la Tierra se acaben rebelando en contra de la humanidad, incluído el planeta en el bloque conspiratorio. Pensándolo bien, si la acidez de los océanos se incrementa, si aumenta el nivel de agua dulce, y si se paran las corrientes oceánicas, es muy probable que la muerte de los seres marinos condicione nuestra propia vida, limitando mucho nuestra capacidad de supervivencia. Dejando al margen el complot, "El quinto día" muestra una realidad posible que asusta, y mucho. Está en nuestras manos, y sólo en las nuestras, el impedir que las premoniciones de estos autores lleguen a ser reales. Parece poco probable que sucedan los hechos narrados por Huxley, Orwell y Schätzing, aunque, como bien demuestra la historia de la humanidad, la probabilidad siempre es cuestión de gustos.
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